Occidente revaloriza el yoga

Artículo de la Vanguardia en alusión al Día Internacional del yoga

Una práctica milenaria en India conquista el mundo por su impacto en el bienestar físico y emocional

DiaInternacionalDelYoga2015

El yoga gana notoriedad a medida que van publicándose investigaciones que reconocen sus beneficios, pero también lucha contra la banalización fruto del desconocimiento y del intrusismo. Bajo el paraguas del yoga se cobijan muchas cosas. Algunas se asemejan más a lo que era en sus inicios, “una práctica que busca la espiritualidad más profunda”, según palabras de Agustín Pániker, escritor especializado en cultura de India y director de Editorial Kairós. Otras persiguen efectos terapéuticos a través de la ejecución de una serie de exigentes posturas combinadas con ejercicios de respiración y meditación, siempre controladas por maestros solventes. Pero también hay quienes lo han convertido en una tendencia pseudoespiritual aliñada con un toque de exotismo.

“Hace como mínimo 3.000 años que se practica en India algo muy parecido al yoga. El Buda, muy influenciado por las tradiciones yóguicas y contemplativas, ya buscó a un maestro hace 2.500 años. Es una tradición espiritual muy importante que no hay que confundir con la gimnasia; el significado del yoga para los indios es camino espiritual”, relata Pániker. Más adelante -sigue contando- el pensador Maharishi Patanjali sintetiza todo el conocimiento recibido de yoguis, místicos, ascetas… en sus sutras, una recopilación de 195 aforismos en sánscrito sobre el yoga. Es a partir del siglo VIII cuando se enfatiza la parte física de esta disciplina y, a finales del XIX, se fusiona con nociones de gimnasia, añade Pániker.

“A principios del siglo XX el yoga está muy marginado, en crisis, sólo quedan dos reductos donde se conserva: en el sur, en Karnataka, con el maestro Krishnamacharya y sus discípulos B.K.S. Iyengar y Pattabhi Jois, y en el norte, en Rishikesh, con Paramahansa Yogananda y Shivananda”, explica Pániker. Son estos gurús lo que dan a conocer el yoga en Occidente. Iyengar, que ideó el método del mismo nombre, es uno de los personajes que más influyeron en ello de la mano de uno de sus alumnos y amigos, el violinista Yehudi Menuhin.

“El denominado efecto pizza también se produce en el yoga, que tras el éxito que tiene en Occidente también eclosiona en India. El yoga que triunfa es el físico -el que se basa en seguir una secuencia de posturas-, aunque ahora mucha gente reivindica volver a los orígenes, a una espiritualidad más profunda”, considera el director de Kairós.

Albert Verdaguer, médico internista jubilado y exdirector del hospital de Mataró, es un entusiasta seguidor de hatha yoga. “La constancia aporta una serie de beneficios, quizás los más relevantes son los físicos porque se pueden comprobar de manera muy objetiva. Desde problemas en la columna vertebral, como dolores en la parte baja de la espalda -una patología muy frecuente en nuestra sociedad que se soluciona más rápidamente que con otras técnicas convencionales-, hasta la disminución de factores de riesgo cardiovascular, como el estrés y la hipertensión. Yo tenía muchos dolores lumbares y a los seis meses de practicar desaparecieron”, subraya Verdaguer, que suma más de una década asistiendo a clases.

Desde hace años el cardiólogo Valentín Fuster recomienda a los pacientes que le llegan desbordados por el estrés a su consulta del hospital Mount Sinai de Nueva York que se apunten a yoga, técnica que además de trabajar el cuerpo propicia la relajación.

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